

CIUDADANOS DE OTRO REINO
Viernes 31
Somos ciudadanos del reino de dios
"Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma; manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles..."
1 Pedro 2:11-12
Ser ciudadanos del reino de Dios significa entender que, aunque vivimos en este mundo, nuestra verdadera identidad y lealtad pertenecen a Cristo. La sociedad constantemente nos invita a seguir sus valores, modas y formas de pensar, pero Dios nos llama a vivir de manera diferente, reflejando Su carácter en cada decisión que tomamos.

"Vivir en el mundo sin pertenecer a él, permanecer firmes en la identidad que Dios nos ha dado y reflejar a Cristo con una vida que influya a los demás en lugar de ser influenciada por la corriente del mundo."

El apóstol Pedro nos recuerda que las pasiones y deseos del mundo libran una batalla contra nuestra alma. Muchas veces, lo que parece atractivo o divertido puede alejarnos de Dios y debilitar nuestra relación con Él. Por eso, vivir como ciudadanos del cielo implica tomar decisiones guiadas por la Palabra de Dios, aun cuando eso signifique ser diferentes o enfrentar críticas.

En esta última noche de nuestro campamento "Contracorriente", vivimos uno de los momentos más especiales: la fogata.
Alrededor del fuego escuchamos testimonios que nos recordaron que Dios sigue obrando hoy. Algunos compartieron cómo Él transformó sus vidas, cómo lo conocieron o cómo este campamento marcó un antes y un después en su caminar con Cristo. Cada historia fue un recordatorio de que Dios tiene un propósito para cada persona y que nunca deja de llamar a sus hijos.

En esta última noche de nuestro campamento "Contracorriente", vivimos uno de los momentos más especiales: la fogata.
Alrededor del fuego escuchamos testimonios que nos recordaron que Dios sigue obrando hoy. Algunos compartieron cómo Él transformó sus vidas, cómo lo conocieron o cómo este campamento marcó un antes y un después en su caminar con Cristo. Cada historia fue un recordatorio de que Dios tiene un propósito para cada persona y que nunca deja de llamar a sus hijos.


Hoy entendemos que ir contracorriente no termina cuando dejamos este lugar. El verdadero desafío comienza al regresar a casa, a la escuela, al trabajo y a nuestra vida cotidiana. Es allí donde tendremos la oportunidad de demostrar que somos diferentes, no porque seamos mejores, sino porque pertenecemos al Reino de Dios.





Fogata


